Las vacaciones son un periodo que permite coger distancia con el día a día y observar lo cotidiano sin la presión de las urgencias diarias.

Desde las playas de Vera uno puede ver, como en su momento hacía Zapatero I de España y último de Europa, lo que el país necesita, un cambio radical donde los actores actuales, que dicho sea de paso parecen gestionar con la patente de los responsables de la Sociedad General de Autores, dejen paso a nuevos protagonistas que no tengan nada que ocultar ni otra pretensión que pasar por la causa pública sin convertirla en asunto privado, ajeno a cualquier molesta intromisión incluida la del poder judicial, pues no en vano, como publica el día 10 el diario El Mundo ocupa el tercer lugar de las instituciones más corruptas de España, según el “prestigioso” Barómetro Global de Corrupción elaborado por Transparencia Internacional  (disculpen mi ignorancia pero ni idea de quien es esta institución). Quién es éste (el poder judicial) para enjuiciar la labor de sus superiores (en lo que a corrupción se refiere) que según el citado Barómetro son los partidos políticos y el parlamento.