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El lenguaje del hampa. Así hablan los presos

El vocabulario del hampa fue el título de un trabajo publicado por Luís de San Eustaquio López en el nº 238 de la Revista de Estudios Penitenciarios que era la primera parte de una trilogía sobre el lenguaje de los marginados. En él recogía y ordenaba alfabéticamente términos habitualmente utilizados por los presos, indicando su significado. Muchos de estos términos son también utilizados coloquialmente por el personal penitenciario, a veces para acercarse más a los presos en sus relaciones cotidianas, otras porque el lenguaje ha calado en las cárceles más allá de los internos.

El número de términos es muy amplio y posiblemente ha evolucionado con el paso de los tiempos, haciendo que los más jóvenes (presos y funcionarios) no hayan llegado a conocerlos y si los conocen ya no los utilizan, y los más mayores ya alejados de los patios, desconozcamos nuevos vocablos y expresiones.


Un diccionario al uso, ordenado alfabéticamente, pueden encontrar en el trabajo citado. En este artículo y en otros que le seguirán voy a intentar dar a conocer algunos de esos términos tomando como referencia la realidad que describen. Así hablaré de las personas que representan la ley, tanto fuerzas de seguridad como funcionarios de instituciones penitenciarias, de las diferentes armas que utilizan para sus delitos o para defenderse, de cómo se llama a ciertos delincuentes y personas de ambientes marginales …


Algunas son palabras que se encuentran en el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, aunque no siempre con el significado con que se utiliza en las prisiones. Otras son desconocidas para él.


Hoy me centraré en las personas que representan la justicia. Guardias civiles, policías nacionales, policías municipales y funcionarios de prisiones tienen términos específicos para referirse a ellos, algunos con tintes despectivos, otros simplemente descriptivos de sus uniformes o funciones.


Los guardias civiles son quizá los que acumulan mayor número de referencias: “picos”, “picoletos”, “vecinos”, “cigüeños”, “migueles” o “tricornios” son algunos de los más habituales. A la pareja de guardias civiles se les conoce como “gemelos” (también a la pareja de nacionales) o como “perilla”. El sargento es el “cuco”, término que también se utiliza para referirse a los antiguos cabos de galerías o “llaveros”. El teniente se apodaba “tenedor”.


Los vehículos en los que la guardia civil realiza las conducciones y traslados de los presos son conocidos como “canguros”, término muy utilizado también por los funcionarios, así como el de “cunda”, con el que se refiere a la conducción.


Los policías nacionales también tienen sus particulares nomenclaturas, algunas popularmente conocidas fuera de los ámbitos delincuenciales, como “maderos”, “bofia”, o “pasma”. Otros más propios de la subcultura delictiva como “monos”, “plastas” o “polillas”. A los miembros de las brigadas de estupefacientes se les conoce como “estupas” y los antidisturbios son conocidos como “gestapo”, “SS” o “pirañas”. Los antiguos agentes de la Brigada de Investigación Criminal (BIC) eran conocidos como “bolígrafos”. Los vehículos policiales son conocidos como “zetas” o “lecheras”. A quienes se hacen pasar por policías sin serlo se les llama “pasma ful”.


La policía municipal no podía faltar en este diccionario. Términos socialmente utilizados como “municipales”, conviven con otros menos habituales como “moteros” y con otros más despectivos como “escupideras”.


Y no podrían quedar fuera de este diccionario los funcionarios de instituciones penitenciarias, para los que hay un buen número de referencias: “boqui”, término usado por los propios funcionarios, “boqueras”, “verdera”, “chapas”, por la chapa con el escudo que portan en su uniforme, aunque en los últimos tiempos se viene sustituyendo por un escudo en tela, o “pitufo”, por el color azul que predomina en el uniforme. El director del centro es conocido como el “doble” o como el “baranda”.


Además de estas personas que representan la autoridad fuera y dentro de las prisiones, hay otros colectivos que no son del agrado de los amantes de lo ajeno, como los serenos y vigilantes nocturnos a los que llaman “golondros” o “chirris”, o los vigilantes nocturnos de estaciones de metro y de ferrocarril, apodados “guindillas”.


En la siguiente entrega contaré como llaman a las prisiones, celdas y calabozos y a las diferentes armas.



 

Modificado por última vez en Jueves, 27 Septiembre 2012 20:06
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