Desde los campos de batalla, hasta las calles de tu ciudad: 9 mm Parabellum, ¡OMNIPRESENTE!

Junio 13, 2013 13976
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Es longevo. Ya ha cumplido once decenios y sigue entre nosotros. Y pese a que a veces le regañamos, quiere seguir aquí. Hablo del cartucho metálico que ocupa los cargadores de la inmensa mayoría de pistolas de este país y de más de medio mundo: el mítico 9 mm Parabellum. Vino a ser, con tal apellido, el segundo hijo de aquella familia encabezada por Georg Luger. El austriaco Johann Georg Luger nacido el 6 de marzo de 1849. En 1900 desarrolló, cuando contaba con cincuenta y un años de edad, a su hijo mayor, el 7,65 mm Parabellum (.30 Luger). Un verdadero desconocido para quienes son usuarios obligados de armas.

Luger, que en 1896 trabajaba para la Deutsche Waffen und Munitionsfabriken (DWM), procedente de la  firma Ludwig Loewe & Company, creó aquel 7,65 mm con vaina abotellada de 21 milímetros de longitud. Ese tipo de vainas era frecuente en la época: 7,63 Mauser y 7,65 Bordchard. Su destino era la pistola Luger modelo 1900, la 00, que sería adoptada por el Ejército de Suiza el mismo año que da nombre al modelo. La pistola patentada por Georg fue diseñada en 1898. Posteriormente, en 1902, vinieron a ver la luz dos modelos más de aquel arma, la 04, adoptada por la marina Alemana en 1904 y la 08, que fue suministrada al ejercito del mismo país, en 1908. A éstas se las llamó Parabellum y se ofrecieron en calibre 9 mm, con una vaina levemente cónica de 19 milímetros de longitud y proyectil de 8 gramos (g) de peso.  Aquellas primeras puntas eran troncocónicas revestidas de cobre y níquel y poseían una carga de proyección de 0,36 g de pólvora. Para alcanzar las actuales características, este 9 milímetros sufrió numerosas modificaciones. La principal caracterización se vino a producir sobre el proyectil en 1916, durante la Primera Guerra Mundial (PGM). La bala troncocónica se sustituyó por una ojival. Durante el conflicto, los germanos temieron que las potencias enemigas la catalogaran como prohibidas tachándolas de Dum-Dum (prohibidas internacionalmente para uso bélico).

Aunque tanto el arma como el calibre se hicieron archifamosos de la mano y uso de los soldados alemanes, durante las dos guerras mundiales, fueron muchos ejércitos europeos los que emplearon el conjunto desde 1904: Bélgica, Portugal, Holanda, Finlandia o Suecia, entre otros. Algunos países solamente adquirieron el calibre. Curioso dato, los ingleses emplearon pistolas Luger 08 en sus colonias para uso policial. Aquellas armas procedían de las almacenadas y requisadas tras finalizar la PGM. Otro toque histórico: en 1910 los italianos diseñaron su propio 9x19 mm, el 9 mm Glisenti. Este era un 9 Parabellum venido a menos desde fábrica en cuanto a carga de propelente. Un 9 Parabellum con un 25% menos de carga.

Sería la Segunda Guerra Mundial (SGM) la que pusiera a este calibre, también a las armas que lo usaban, en la parrilla de salida hasta alcanzar las cotas de fama y empleo actuales. Antes de seguir, hay que aclarar que la moderna nomenclatura de la cartuchería metálica da por buena varias formas de denominación para un mismo cartucho y éste no podía quedarse fuera: 9 Parabellum, 9 Luger, 9x19 o 9 NATO/OTAN, son algunas de las formas oficiales con las que se puede llamar a nuestro protagonista. Si el primer gran conflicto lo echó a andar y el segundo lo empujó, que la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lo adoptara para las pistolas y subfusiles, en 1953, lo acabó de encumbrar. Sin embargo, todavía hubo algo más que lo terminó de lanzar hasta nuestras fundas, al estrellato: el Ejército Norteamericano lo declaró reglamentario en 1985, cuando seleccionó la pistola Beretta 92 para dotar al grueso de sus tropas. El 9 mm relegó al .45 ACP (Automatic Colt Pistol) tras setenta y cinco años de vigencia en aquellas fuerzas armadas.

Durante la SGM, además de ser vastamente empleadas las Luger 08 y Walther P38 —las segundas fueron las sustitutas paulatinas de las primeras—, otras pistolas y subfusiles dispararon el 9 Parabellum. Destaca por la capacidad de su cargador, trece cartuchos frente a los clásicos de ocho, la FN HP-35. La exótica finlandesa Lathi L-35 y la polaca Radom Vis-35 también estuvieron presentes en el teatro de operaciones europeo, entre 1939 y 1945. Los alemanes, que nunca fueron tontos, iban aprovechando algunas armas autóctonas según fueron invadiendo países y las entregaron a determinadas unidades. Es el caso de las reseñadas  FN y Radom. Aunque no fue masivamente empleada, merece la pena referir que la casa española Astra (Unceta & Cia) recibió de Alemania importantes pedidos de pistolas entre 1941 y 1944. Además de los modelos Astra 200, 300 y 900 (automática), de  6,35 mm, 9 Corto y 7,63 mm, respectivamente, los nazis probaron también la 400 (9 mm Largo). Posteriormente, tras catar la 9 Largo, firmaron un contrato para que se rediseñara el modelo 400. Así nació, en 9 mm Parabellum, la Astra 600. Los alemanes pidieron y pagaron sobre 50.000 ejemplares, pero los avatares de la guerra, allá por el verano de 1944 (Desembarco de Normandía), solo permitieron la entrega de una minúscula parte durante el conflicto, sobre 10.450. El Gobierno español, bien finalizada la contienda, culminó el envío al nuevo Ejecutivo germano (estaban pagadas y almacenadas en España). Significar que a la saga 300, 400 y 600 se le llama, por su configuración tubular y aspecto, “las puros”.

Como antes se refirió, Inglaterra usó la Luger en sus territorios de ultra mar. Los ingleses ya tuvieron la opción de adquirir oficialmente el arma en 1902, cuando la DWM les hizo una oferta que rehusaron. También a la otra gran potencia anglosajona se le ofreció la Luger. El Ejército de Norteamérica convocó en 1906 un concurso para adoptar una nueva pistola y las teutonas estuvieron allí. La comisión que dirigía el concurso exigía que el calibre mínimo fuese de 11,43 milímetros (.45 pulgadas). Esto obligó a Georg Luger a diseñar una Parabellum en calibre .45 ACP Se calcula que no más de cinco ejemplares fueron fabricados, siendo actualmente las armas más cara del mundo entre los coleccionistas. El 9 mm Parabellum no caló entre los profesionales de ambos países, hasta muchas décadas después.

Algo similar ocurrió en España. No gustaba. En 1905 adoptamos la primera pistola reglamentaria para el Ejército, la Bergmann del calibre 9 mm Bergmann, llamado autóctonamente 9 Largo. Este calibre, superior en potencia al Luger/Parabellum, se instaló en la piel de toro y no se fue en muchos lustros. A esta pistola la sucedieron —en realidad cohabitaron—, con el mismo calibre, las Campo Giro  modelo 1913 y modelo 1913-16 de fabricación nacional. Esta arma fue empleada hasta después de la Guerra Civil Española (GCE). Pero tanto antes como después del conflicto, muchas más se diseñaron y produjeron para este cartucho. Si este era el calibre oficial para las tropas, a nivel privado eran adquiridas otras pistolas más livianas en calibres como el 9 mm Corto, 7,65 mm y 6,35 mm. Finalizada la fratricida contienda, el mercado nacional lo coparon las casas vascas Star, arraigada en Eibar, Astra, forjada en Guernica y Llama, centralizada en Álava. Muchas firmas pequeñas desaparecieron. La primera de ellas, Star, dotó de pistolas y subfusiles a las Fuerzas Armadas (FFAA) hasta los años ochenta. Astra encontró mercado entre los particulares nacionales (tiradores deportivos, policías y militares a título personal) y en el extranjero, especialmente en los Estados Unidos. Sus revólveres eran muy bien vendidos allí. Llama, además de suministrar a cuerpos locales, instituciones pequeñas y a particulares, recibió algunos pedidos de pistolas para el Ejército del Aire español. Pero ninguna de las empresas le hincaba bien el diente al 9 Parabellum, casi todo se proyectaba para otros calibres.

La GCE acabó en 1939, pero hasta 1958 no se diseñó la primera pistola española de 9 mm Parabellum, al margen de la Astra 600 “alemana”. Se bautizó como Astra 800, la Cóndor. Si el calibre no terminaba de cuajar entre los españoles, la Cóndor, que debía abrir el camino, no fue bien recibida en el mercado. Era un arma más frágil que las “puros” de siempre, siendo una advenediza en ese clan. Finalmente, desapareció del catálogo en 1969. Ya entrada la década de los setenta, los profesionales españoles (militares y policías) abrieron los ojos y vieron el atraso que tenían en todo, respecto al resto del mundo. También en temas armamentísticos. El primer giro que se hizo hacia el 9 Parabellum, en detrimento del tan querido 9 Largo, fue mediante el diseño de subfusiles recamarados para él. Las FFAA, la Guardia Civil (GC) y la Policía Armada (hoy Cuerpo Nacional de Policía y antes Cuerpo de Policía Nacional) empezaron a usar subfusiles Star Z-70B y Z-70 en calibre 9 Parabellum.  Fueron abandonándose, poco a poco, los Star Z-45 y Z-63 del 9 Largo. Aun así, hay que decir que el 9 Largo siguió siendo empleado en determinados servicios y unidades hasta bien entrados los años ochenta, en pistolas (Star A y Súper), subfusiles y carabinas Destroyer. Por fin aquel 9 milímetros que a veces había estado en contacto con nosotros se afincaba para no irse. Además de haberse producido aquí armas para otras naciones, este cartucho pasó por España durante Guerra Civil y posguerra. Las tropas alemanas que apoyaron al Bando Nacional (sublevados contra el Gobierno de la República), la Legión Cóndor por ejemplo, traían consigo pistolas y subfusiles que disparaban el 9 mm Luger/Parabellum. Más aún: durante la SGM también tuvimos pululando a muchos soldados y oficiales alemanes, amén de espías (Operación Félix), y estos no venían inermes.

Tras aquellos primeros pasos dados con los subfusiles Star vinieron las pistolas. Durante la década de los setenta, las tres firmas españolas diseñaron pistolas para el 9 Parabellum. El Ejército planeaba abandonar el 9 Largo y sus Star modelo A y modelo Súper, y aunque los de Éibar siempre fueron su principal suministrador, sería esta vez la casa Llama, con su modelo 82, la que ganara el contrato proveedor. Se dice que la fábrica alavesa iba camino de la bancarrota y que por ello el Gobierno de España le concedió el contrato. Todos querían entrar en los ochenta con pie firme, pero ahora, ya, también con armas de 9 Parabellum, mecanismos de doble acción y cargadores de alta capacidad. Todas las firmas lo hicieron, pero no con la misma fuerza. Star consiguió que la GC le comprara, todavía en los setenta, miles de pistolas del modelo BM de simple acción, pero de 9 Parabellum. ¡Por fin! Ya estaba hecho, no había vuelta atrás. El Cuerpo llegó con ellas hasta la década del 2000 y todavía se usan en los centros de formación para prestar servicios de seguridad. Pero en los ochenta se declaró reglamentaria la Star 30-M de 9 Para, doble acción y cargador de quince cartuchos. Incluso así, dependiendo de qué unidad o destino geográfico se tuviera, unos agentes portarían una u otra arma. Actualmente la GC mantiene pocas pistolas Star en servicio. El grueso lo ocupan armas extranjeras: Beretta 92 y HK-USP-C. Desde la década de los ochenta en la Unidad Especial de Intervención (UEI) es la austriaca Glock la reina: modelos 17 y 19.

En la Policía Nacional también se optó por Star (mismo ministerio que la GC), concretamente por la saga 28, modelo PK (aleación ligera). La 28-PK nació de la 28-DA  y culminó en la 30 y 31, M y PK (la 30-M fue referida en el párrafo anterior). Sin embargo, este cuerpo que nació tras la disolución de la Policía Armada se unificó con el Cuerpo Superior de Policía, que emergió, a su vez, del también extinto Cuerpo General de Policía. Dicho esto, hay que significar que estos dos últimos dispositivos de seguridad ejercían sin uniforme, eran lo que vulgarmente se conocía como la Policía Secreta. Sus integrantes solían trabajar a veces con armas particulares, pero ya en los años setenta les fueron entregados, oficialmente, modelos de 9 mm Parabellum, caso de la Star BM y algún modelo de Smith and Wesson. Esta amalgama de nombres, tanto de uniformados como de paisano, dieron origen en marzo de 1986 al actual Cuerpo Nacional de Policía (CNP).

Con el tiempo, todos los cuerpos locales de policía fueron abandonando los calibres empleados por ellos hasta los años ochenta: muchos revólveres del .38 Especial y pistolas de 9 mm Corto y en algunos sitios incluso revólveres del .32 SW y pistolas de 7,65 mm. Ni que decir tiene que la permuta se dirigió hacia el 9 Parabellum. Los de Guernica en 1980 produjeron un revólver para el 9 mm Parabellum, aunque en realidad también se servía con un tambor dispuesto para el .357 Magnum: Astra Police. Es el único revólver español fabricado para nuestro protagonista. Pese a que se ofertó con cañón de 3, 4, 6 y 8 pulgadas de cañón, no tuvo mucha aceptación en los mercados. En el resto del planeta tampoco se prodigaron mucho las ventas. Los revólveres más conocidos que disparan en Parabellum son los Smith and Wesson 547 y 940, el FN Barracuda y los Korth alemanes. La Policía Autónoma Vasca, la Ertzaintza, resucitada en la decisiva década de los ochenta, empleó modernas pistolas Star de 9 Parabellum. Empezaron con los básicos y pioneros modelos 28-DA, de Star. No obstante, algunas unidades se armaron con la alemana HK-P7, marca a la que han regresado en la actualidad tras deshacerse de las oriundas.

Hoy por hoy todos los cuerpos de España, tanto militares como policiales (Vigilancia Aduanera también), emplean el calibre 9 mm Parabellum en sus pistolas. Un plus: incluso las empresas privadas de seguridad, con escoltas en plantilla, tienen que dotar a sus operativos con pistolas recamaradas para este cartucho. Lo establece el Reglamento de Seguridad Privada. Unos tardaron más y otros menos, pero todos llegaron. Tan cierto como lo anterior es el hecho de que la industria armera española, vasca por excelencia, no existe desde hace más de una década. Actualmente, todos los estamentos referidos en este artículo adquieren armas extranjeras. El Ejército está en fase de adquisición de la pistola alemana HK-USP Standard y el CNP ha empezado a retirar las Star 28-PK/30-PK en favor de la hermana pequeña de la germana referida (modelo compacto). Para dotar al Grupo Especial de Operaciones (GEO), el CNP adquirió hace años la Sig Sauer P-226 tras dar un merecido descanso a las finísimas HK-P9, también de 9 P. La Infantería de Marina desde hace algún tiempo viene usando la FN P9 (varias versiones), además de varios modelos nacionales más antiguos que están cayendo en desuso.

Durante la mayor parte de la existencia de este vetusto cartucho o calibre, solo fue posible encontrarlo en su versión blindada o encamisada, la militar. La que no se ha de deformar, en exceso, en caso de alcanzar un cuerpo humano. Este es el tipo de munición que exclusivamente deben emplear los militares en misiones bélicas. Para servicios policiales y de seguridad, no necesariamente especiales, existe una elevadísima variedad de proyectiles, algunos catalogados como especiales: incendiarios, perforantes y trazadores. Por la extensión a la que se llegaría, no se mencionarán los nombres de los fabricantes mundiales de munición que producen cartuchos policiales, pero prácticamente la totalidad de ellos ofrecen productos de interés, al margen de los convencionales de plomo, semiblindados y Full Metal Jacket/encamisados (FMJ).

Frangibles, puntas huecas, alta velocidad, deformación controlada o forzada, cargados con perdigones, marcadores de pintura/colorante o incluso plásticos de tiro reducido (entrenamiento en lugares cerrados), son relativamente fáciles de conseguir para dotar a cuerpos, unidades e incluso usuarios privados. Sobre el peso de los proyectiles, igualmente es poco complicado localizar puntas de 88, 90, 95, 100, 115, 123, 124, 130, 135, 147 e incluso 158 grain (granos, gr). El grain, o grano, es una vieja unidad de medida que corresponde al peso de un grano de trigo. Se emplea internacionalmente como medida de pesos y cargas de proyectiles y pólvora. Un grain equivale a 0.064798 gramos y 1 gramo a 15,4 grain. Las balas más usuales en las prácticas profesionales y deportivas son las de 115 y 124 gr (7,45 y 8,03 g respectivamente). En virtud del peso del proyectil se alcanzarán unas velocidades más bajas o altas. Para que el lector se haga una idea, el uso eficaz de supresores sónicos requiere que los cartuchos disparados monten puntas subsónicas, como las de 147 gr, en este calibre. Estas no suelen superar los 300 metros por segundo (m/s) de velocidad inicial. Pero las más livianas, como las de 90 gr, podrían superar los 430 m/s en cañones de 4 pulgadas de longitud total (la longitud del cañón también interviene en este factor). Un proyectil estándar, como el de 8 g de peso (reglamentario OTAN), puede desarrollar una velocidad en boca de fuego de 356 m/s. Sobre energía y presión: 507 julios y 2.600 bares, respectivamente. Con fines cinegéticos y policiales, algunos fabricantes producen cartuchos con un extra de potencia, son los llamados “+P” y “+P+”. Estas denominaciones de carga existen en infinidad de calibres. No todas las armas cortas soportarán estas picantes cargas de proyección, aunque sean de reciente fabricación. Importante: la vieja y estimada Luger 08, de ser original, seguramente sufriría daños e interrupciones disparando munición de moderna manufactura, incluso si es convencional.

Tras conocerse la dilatada vida de este cartucho centenario, ha de entenderse que el hecho de que una determinada banda terrorista española lo emplee en sus atentados, no es motivo para tenérselo en cuenta al propio calibre. Esos asesinos no usan lo que quieren sino lo que tienen o encuentran. Dada la amplísima dimensión que el  9 Parabellum ha obtenido en el ámbito militar, policial y deportivo, en todo el planeta, es natural, por pura logística, que su empleo se haya extendido a los ambientes delincuenciales. La manida frase oída y leída en prensa, de que los asesinos de ETA usaron un arma del calibre 9 mm Parabellum por ser su preferida, debería quedar desterrada. Sin que quizá sea la munición preferida de los policías, al menos de los que de verdad saben, sí es la más usada por ellos en la lucha diaria contra el crimen.

Modificado por última vez en Jueves, 13 Junio 2013 07:40
Ernesto Pérez Vera

Instructor de tiro (policía retirado)