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Cuéntame cómo pasó (122): La necesidad de un nuevo paradigma de comunicación policial
Fotografía de Ivan Bandura https://www.flickr.com/photos/mac_ivan/
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Cuéntame cómo pasó (122): La necesidad de un nuevo paradigma de comunicación policial

RESUMEN

Los constantes sucesos delictivos acontecidos en el pentagrama societario se sitúan en diferentes claves dependiendo de los actores que decidan interpretar dicha polifonía. Así, podremos ver como medios de comunicación, gabinetes de prensa policiales, agentes institucionales o particulares datan de forma muy distinta un acontecimiento determinado, derivando todo ello en una disputa poliédrica sobre la veracidad de la información inserta en un entorno de poder-control constante. Así pues, aceptando el guante lanzado en el artículo “Soñar azules alas: estudio sobre la construcción de la identidad policial española” (Pérez, 2016b), hemos pretendido postular, mediante un estudio de casos, la necesidad de realizar estudios sobre comunicación policial y elevar la demanda de un nuevo paradigma comunicativo que fomente la unión entre los diferentes agentes.

PALABRAS CLAVE

agenda setting, policing, poder-control, medios de comunicación, policía, RRSS, cyborg, caso Raval, caso Quintana.

INTRODUCCIÓN

“La prensa apunta, la policía dispara” este ha sido uno de los lemas o cánticos más habituales en manifestaciones, desalojos, etc. Por parte de una nueva ciudadanía más crítica e interactiva hacia los medios de comunicación y los cuerpos de seguridad (EFE, 2016, Spanair, 2011). Una muestra pública de desconfianza por parte de la comunidad hacia estos dos poderes que marcan las situaciones en que interactúan los tres actores en el mismo espacio.

Los medios de comunicación, sobre todo con el periodo de crisis actual que se inició en 2008, recrudeciéndose en 2011, fueron el altavoz de diferentes hechos considerados noticiables situándolos dentro de la agenda setting: una parte de la sociedad decidió movilizarse dando paso a movimientos como el 15-M, la plataforma de afectados por la hipoteca, okupaciones de espacio público por diversos colectivos, protestas, manifestaciones, etc. Que fueron el caldo de cultivo perfecto para que los tres actores interactuaran día a día y se diera lugar a un nuevo escenario. En estos casos y en los futuros, convivían tres derechos fundamentales: a la información, a la reivindicación y a garantizar la seguridad.

La interacción de los 3 agentes se podría agrupar en el binomio conformado por los medios de comunicación más las FCSE por un lado versus la opinión pública por el otro.

Ilustración 1. Binomio de interacción comunicativa

La opinión pública puede participar de diferentes formas:

  • De manera directa: a través de la participación en los escenarios y generando información
  • De manera indirecta: generando su propia opinión a través de las vías de información de las que disponga para ello, actualmente la vía más utilizada serían las RRSS.

Pero, aunque se genere este binomio enfrentado, ¿existe alguna relación entre estos dos sujetos y la opinión pública en una sociedad de masas?

Los primeros indicios los encontramos con la aparición del primer medio de comunicación de masas moderno, como es el diario de información general (Rodrigo, 2001). Fue en este momento en que la Sociología empezó a interesarse por el papel de los medios de comunicación en la sociedad. Autores como Weber o Lippman fueron precursores de estos estudios y sobre todo de mostrar la preocupación sobre la influencia que tenían éstos en la opinión pública y en la psicología de las masas. Esta preocupación siguió in crescendo con la aparición de la radio y el papel que desarrolló, junto con la prensa, sobre la dualidad de funciones de los medios: como generadores de información o de propaganda. En el periodo comprendido entre 1960 y 1980 se vivió el auge de los medios de comunicación. Ejemplos son el debate televisado entre Nixon y Kennedy, la guerra del Vietnam o el caso Watergate entre otros. Ante este panorama, autores como Marcuse o incluso McLuhan (1989), creador de conceptos como la Aldea Global o El medio es el mensaje, defendieron que los medios de comunicación tienen la capacidad de modificar de manera profunda la percepción de las personas y la vida social. Por otra parte, los estudios empíricos pusieron en duda la capacidad de transformación del pensamiento de la ciudadanía, pero sí que aseguraron que tienen efectos cognitivos (Saperas, 1987). Fueron las teorías cognitivas como la agenda setting de Mc Combs y Shaw (1978) centrada en la influencia de los medios de comunicación sobre el público para determinar qué temas son los que tendrán interés informativo y la importancia que se les dará en la cobertura o la espiral del silencio de Neumann (1995), la adaptación del comportamiento de los individuos a las actitudes mayoritarias de los que se considera aceptable y lo que no, las que se consolidaron en el ámbito científico empezándose a cuestionar la objetividad de los medios.

Por último, la irrupción de Internet y, por consiguiente, la creación de la llamada comunicación en la era digital, ha cambiado las reglas del juego. Los portales web y RRSS han revolucionado la comunicación con la introducción de un nuevo modelo comunicativo: la interacción entre los generadores de información y lo que se había considerado de manera clásica como audiencia. Se ha pasado, tal como apunta Castells, de una comunicación unidireccional a una comunicación interactiva caracterizada por la capacidad para enviar mensajes de muchos a muchos, en tiempo real o en un momento concreto y con la posibilidad de usar la comunicación punto-a-punto, estando el alcance de su difusión en función de las características de la práctica comunicativa perseguida (Castells, 2009). Un proceso denominado por el mismo autor como autocomunicación de masas. ¿Cómo han vivido esta autocomunicación de masas los medios de comunicación, la policía y la opinión pública? Desde 2011, Cataluña ha sido portada en los medios de comunicación de ámbito nacional, e incluso internacional, por actuaciones policiales en el espacio público. Como las imágenes que pudieron visionarse sobre el desalojo de Plaza de Cataluña durante el movimiento 15-M el 27 de Mayo de 2011 y en el asedio al Parlamento catalán ese mismo año.

 

El 2012, a su vez, estuvo marcado por las dos huelgas y los incidentes entre manifestantes y policía. Ejemplo de ello es la realizada el 14 de Noviembre de ese año, en la cual una ciudadana, Ester Quintana, perdió un ojo por el impacto de un objeto (ABC, 2012). Como consecuencia del primer paro en el mes de Abril, el Departamento de Interior creó una web específica con imágenes de sesenta y ocho manifestantes para su identificación que estuvo en funcionamiento sólo un mes a raíz de las críticas recibidas. Un año después, la institución Mossos d’Esquadra se situarían de nuevo en el objetivo público debido a la reducción policial que finalizó con la muerte de un detenido, Juan Andrés Benítez, más conocido este suceso como el caso del Raval (Carranco, 2013). Esta situación generó un aumento de noticias relacionadas con los Mossos d’Esquadra y, sobre todo, poner en el punto de mira al cuerpo policial y al Departamento de Interior por las actuaciones y las versiones ofrecidas sobre los hechos. Muestra de ello fue el informe de Mediacat publicado en el 2012, el mismo analizó las noticias que se generaron en cuatro periódicos, dos de ámbito nacional y dos a nivel de Cataluña, en el periodo del 1 al 27 de Mayo de 2011. Tiempo sin conflictos relevantes que comparó con el tratamiento que estos mismos periódicos ofrecieron de dos actos destacables por las imágenes vertidas, como son el desalojo de la acampada del 15-M en la Plaza de Cataluña y el asedio al Parlamento catalán el 15 de Junio del mismo año. Una de las conclusiones más relevantes fue que el 85% de las informaciones que se publicaron de estos dos hechos sobre el cuerpo policial autonómico fueron negativas. Incluso el autor del estudio, Oriol Burgada, aseguró que para contrarrestar esta mala imagen sería necesario cuatro meses de noticias positivas sobre los Mossos d’Esquadra, entendiendo como positivas detenciones por homicidios y robos, golpes policiales, etc.

Es por este motivo, que utilizaremos estos casos de premisa para evaluar la fenomenología que se ha suscitado a raíz de este campo (Bourdieu, 1986) socio-comunicativo.

UN NUEVO ENTE SOCIAL, UN NUEVO SISTEMA DE PODER

Ante este escenario, la ciudadanía no sólo puso como objetivo las instituciones. También acusó a los medios de comunicación por dos motivos:

  1. La reproducción y validación del discurso de las instituciones.
  2. No publicar las imágenes que circulaban por internet captadas por ciudadanos que estaban en el momento y en el lugar oportuno con un dispositivo móvil.

Teniendo en cuenta el paradigma cyborg imperante en la posmodernidad (Pérez, 2016a), donde el Smartphone es una extensión más del homo cyborg, el sujeto no entiende como habiendo retransmitido la información fotográfica o audiovisual en el ciberespacio, la misma puede ser ignorada o censurada por los medios de comunicación. Y es que internet ha facilitado el activismo político, puesto que proporciona lazos de comunicación entre los activistas, posibilita la publicidad de sus actividades y facilita la movilización alrededor de un acontecimiento (Curran, 2012). Esto nos hace preguntarnos qué papel han jugado los medios de comunicación, cuál los ciudadanos y, por último, los cuerpos policiales y sus responsables. ¿Se confirma la tesis de vigilantismo panoptista que exponen autores recientemente (Margalef & Silva, 2016)?

Cada uno desde su prisma ha jugado un papel importante. Pero, ante estos tres actores tan diferentes ¿Quién tiene el poder? La división clásica de la separación de poderes de Montesquieu (1972) estipula la existencia del poder ejecutivo, legislativo y judicial. Pero esta clasificación ha mutado. Los medios de comunicación, concretamente la información que vierten estos a través de la prensa, la radio, la televisión e internet, tal como afirmó Edmund Burke (2008) a finales del siglo XVIII fueron y siguen siendo considerados “el cuarto poder”. Un poder que no es controlado por ninguna ley y que tiene la capacidad de influir e incluso persuadir a la opinión pública gracias a la estructura y los intereses de los grupos de comunicación para conseguir su objetivo.

Los medios de comunicación, siguiendo la teoría de la agenda-setting, tienen el poder de situar en primer término del debate público un determinado tema convirtiéndolo así en tema de interés nacional, con independencia de la importancia intrínseca de dicha cuestión, elemento que ex post puede derivar en el enaltecimiento de pánicos morales y/o demonios populares (Cohen, 2002). De esta manera, se demuestra que no se puede considerar a los medios de comunicación como un reflejo de la realidad, pues en el mismo proceso de selección de las noticias está ya implícito el poder de destacar determinados sucesos (Varona, 2011). Neumann incluso teoriza sobre como la espiral del silencio puede generar el aislamiento de los individuos que muestran posiciones contrarias a las consideradas mayoritarias. Una posición que genera el estigma en las personas que no siguen las convenciones marcadas por la opinión pública (Neumann, 1995).

Tal como dice Castells (2009), en cualquier relación de poder hay un cierto grado de cumplimiento y aceptación de los sujetos pasivos. Cuando la resistencia y el rechazo se vuelven considerablemente más fuertes que el cumplimiento y la aceptación, las relaciones de poder se transforman: las condiciones de la relación cambian, el poderoso pierde poder y al final hay un proceso de revolución o cambio institucional y estructural, dependiendo de la amplitud de la transformación de las relaciones de poder (Castells, 2008a). Pero estos movimientos sociales, tradicionalmente han servido para cambiar valores o creencias intrínsecas en una sociedad determinada. Aun así, Curran (2012) asegura que internet puede ayudar al cambio en combinación con otros factores, esto es, siendo un elemento instrumental más, pero no el esencial. Para este autor es la política la única y emérita encargada de cambiar el panorama social, no la tecnología. Aunque otros autores ven este proceso como una posibilidad de subvertir las relaciones de poder al verse las élites tradicionales desplazadas de su ámbito de legitimidad y poder (Tascón & Quintana, 2012). En relación con esta movilidad potestativa, recientemente ha sido expuesta una reflexión en cuanto a las cúspides de poder-control en el ciberespacio, donde se postula una suerte de hibridación entre un poder jerárquico con una distribución rizomática en el puesto más alto de la pirámide comunitaria, donde el control se distribuye entre tres torres panópticas: la burocrática, la mercantil y la del cyborg premium , que dominarán al resto de estratos sociales (Margalef & Silva, 2016).

Ilustración 4. Jerarquía Híbrida (Margalef & Silva, 2016).

En esta era de la comunicación digital, el acceso innato y automatizado a la red, ya sea a través de un ordenador, unas Google Glass o un iWatch, ha generado que la información local se convierta en un bien universal disponible para todos los públicos, sin límites, sin fronteras. Ello ha producido un interesante cambio en las relaciones de poder de la información, como ya vaticinaron algunos autores anteriormente citados, ya no es sólo la fuente oficial y los medios de comunicación quienes informan, sino que los ciudadanos anónimos quienes se convierten en reporteros de guerra situados en primera línea de fuego. El cyborg tiene la nube como conciencia colmena y va generando información cada milésima de segundo en modo de capturas del mundo físico, tweets, etc. Que reflejan una realidad a veces muy dispar de la que es reproducida por instituciones o medios de comunicación. Tal como apunta Fraser (2007), si las relaciones de poder existen en estructuras sociales concretas que se constituyen a partir de fijaciones espaciotemporales, y estas formaciones espaciotemporales ya no se sitúan primordialmente a nivel nacional, sino que son locales y globales al mismo tiempo, los límites de la sociedad cambian, lo mismo que el marco de referencia de las relaciones de poder que trascienden lo nacional (Castells, 2008b). Precisamente estos cambios que se han producido en la era de la comunicación digital, tanto por el cambio de las relaciones de poder (Margalef & Silva, 2016), como la forma de informarse de los usuarios, han hecho que la ciudadanía se transhumanice y se metamorfosee y esto repercuta en la manera de obtener información. En la actualidad, RRSS como Twitter son el novísimo oráculo de Delfos, dispuesto a vaticinar información que aún no se ha hecho pública mediante los medios de comunicación o las instituciones. Disponible, además, en cualquier momento del día. Facebook o Youtube, entre otros, pertenecen también al amplio abanico de recursos que el cyborg dispone en su plano más esotérico. Todo ello, no se entendería si no fuese siguiendo el espíritu de la inmediatez informativa afín a la modernidad líquida (Bauman, 2002).

ARMAS DE INFORMACIÓN MASIVA

Y, ante esta situación, ¿qué papel tiene la sociedad? La sociedad, en este escenario juega dos papeles fundamentales. Por una parte, encontramos a una sociedad consumidora de información y, por la otra, a agentes activos o motores de información de los acontecimientos.

Ilustración 5

Los medios de comunicación parecen enfrentarse a una crisis de legitimidad. Esta tiene que ver principalmente con la pérdida de confianza y credibilidad de la población en el periodismo (Siles & Boczkowski, 2012). Motivo de ello es la crisis económica, el desarrollo de los avances en TIC y una cada vez mayor cultura de la participación está, por un lado, sumergiendo a los medios de comunicación tradicionales en múltiples y diversas crisis; mientras que, por otro, está facilitando el desarrollo de los nuevos modelos de comunicación, al adecuarse éstos con mayor facilidad a las necesidades y demandas del contexto actual (Gil, 2015).

Una situación que ha permitido que las RRSS se convirtieran, entre muchas otras cosas, en el medio para informarse de manera inmediata sobre cualquier hecho, plasmar actividades cotidianas y como medio de denuncia de situaciones que considere inapropiadas compartiendo sus opiniones, artículos o vídeos que servirán para generar opinión y pueden poner entre las cuerdas a las versiones oficiales de las instituciones. Porque la propia población es la encargada de producir y difundir contenido mediático y es que la crisis de legitimidad tiene que ver con la incapacidad de los medios de informar de manera certera y precisa, al considerar que los periodistas se equivocan en los datos fundamentales, describen eventos erróneamente, tergiversan y oscurecen la realidad, repiten mentiras o verdades a medias, o directamente no tiene sentido lo que emiten (Gil, 2015). Además, un efecto potenciador de este movimiento es que internet fomenta la formación de grupos de iguales ideológicamente en busca de una eficacia colectiva (Sampson, 2002) dotada de un capital social afín a sus ideales (Fukuyama, 1995) que logrará retroalimentar de forma potente el feedback recibido.

Pero aparte del uso de las RRSS para difundir documentos que han visto en las mismas y denunciar estos hechos, también se puede convertir en generador de información gracias a convertirse en testigo gráfico de los acontecimientos que están pasando y acto seguido subirlo a la red. No obstante, también puede darse el efecto contrario, el grabar y convertirse en un mero espectador de una actuación policial que se considere desproporcionada puede provocar el efecto bystander(Darley & Latané, 1968), mediante el cual el sujeto tenderá a grabar la acción, a visionarla o simplemente la ignorará, porque entenderá que hay más sujetos que pueden ayudar o que la víctima se lo merece puesto que el sujeto activo sería un agente institucional. Efecto todo ello de un ente comunitario menos empático y más narcisista producto de la sociedad urbanita hipermoderna (Lipovetsky, 2014).

COMUNICACIÓN POLICIAL PROTEGIDA, DESENCRIPTANDO…

Este cambio en el poder lo padecido de manera directa las instituciones policiales. La nueva manera de comunicarse e informarse ha incidido en que la imagen de la policía y de la idea de justicia haya ido variando con el paso de los años. Y a pesar de que iniciativas como la llevada a cabo por el CNP mediante su cuenta de Twitterha quedado plasmada como muy positiva, el cambio de poder a la hora de transmitir información delicada ha dañado a la percepción de confianza en la justicia o en los medios policiales por parte de la comunidad (ESE, 2010). La sociedad, con la irrupción de este proceso de autocomunicación y la inmediatez informativa, ha evolucionado a un ritmo muy elevado que las instituciones no han conseguido igualar a día de hoy. Prueba de ello, es la vía de comunicación seleccionada, siempre a través de comunicados y ruedas de prensa reproducidas por los medios de comunicación considerados tradicionales (radio, televisión y prensa escrita) y nunca las RRSS para cuestiones controvertidas, siendo que actualmente las RRSS tienen un mayor poder de difusión de la información y que permiten indexar vídeos o incluso reproducir en streaming. Por ello, es necesario que los cuerpos de seguridad sigan adaptándose a las nuevas vías de comunicación, no perder la oportunidad de mostrar la versión de la institución dentro de la inmediatez comunicativa que marca internet y los actuales modelos informativos es esencial en el nuevo ideariocyborg. Además, les servirá para cuidar su imagen corporativa y evitar que se genere una victimización gratuita tanto sobre la propia institución policial, como sobre los agentes. Pero no seguir los cánones que marca la red, imperio legal informal en alza, puede deberse a que, en actuaciones controvertidas como el caso de Ester Quintana o Juan Andrés Benítez, anteriormente citados, la ausencia de información oficial pueda facilitar la aparición de testigos presenciales o cercanos que expresen sus opiniones personales y éstas se conviertan en verdades. De facto, en el caso Raval se pudo verificar como agentes se encargaron de coaccionar a ciudadanos que grabaron el suceso para que éstos eliminaran las imágenes (García, 2015). Siendo que la policía ha recibido diferentes metáforas para referirse a ella como por ejemplo “ángeles custodios” (Pérez, 2016b), soldado del derecho, poder azul, llave del sistema penal, corazón del estado o fuerza pública (Lehne, 1983). Pero ¿quién vigila a quién vigila? Es difícil encontrar estudios en los que se analice el trabajo de los también conocidos como garantes de la seguridad. De facto, los estudios empíricos sobre policing surgieron a comienzos de los 60 en los Estados Unidos y en el Reino Unido (Reiner & Newburn, 2007) gracias a la repercusión de las obras de Becker (1964) y Lemert (1967) dentro de la teoría del etiquetaje, teorías claramente influidas por un contexto político determinado, en el que las revueltas sociales y estudiantiles eran frecuentes (Varona, 2000). Precisamente, fue a partir de esta época que hubo una expansión significativa en la Sociología de la policía y la Sociología para la policía (Banton, 1964). Estos primeros estudios se centraron sobre la policía y sus dinámicas a través de descripciones etnográficas y análisis teóricos. Durante los años 70 y principios de los 80 hubo un cambio en la investigación sobre policing. Éstas estaban dirigidas por los propios policías, por las agencias gubernamentales responsables del trabajo policial y por los laboratorios de ideas (Reiner, 2015).

Precisamente la sociología de la policía en estos dos países es una disciplina etnográfica, histórica, comparativa y teórica sólida. Temas como: la discrecionalidad policial, las relaciones con la comunidad, el papel en el control social, el poder, la profesión, la organización, las relaciones con el aparato jurídico o la violencia son tópicos ya clásicos de investigación (Torrente, 1997). Esta tradición de estudio de la policía ha permitido crear modelos policiales. Unos modelos que se basan a partir de diferentes factores como políticos, sociales y económicos. Precisamente, la gestión, concepción del orden, estilo de trabajo, relaciones políticas, con el público o con otras instituciones, varían según el modelo que se adopte (Skolnick, 1966).

Una de las obras más destacadas y actualizadas con el paso del tiempo, The politics of the police de Reiner (2010) dibuja un perfil de cómo son los policías. Según el autor, los policías han sido considerados cínicos en sus relaciones sociales y pesimistas en la creencia de poder cambiar la realidad social; la sospecha es una actitud habitual en ellos y esto se debe a mantenerse en alerta ante los peligros y riesgos diarios, desconfiando de todos aquellos que no pertenecen a la policía incluidos los mandos superiores a quienes se les considera ajenos al trabajo policial que se realiza en la calle; el policía también tiene un fuerte sentido de misión caracterizado por la búsqueda de la acción directa en la solución de conflictos; presentan un fuerte compromiso interno, otorgando importante valor al compañerismo y al respaldo entre agentes incluso ante conductas desviadas a las normas; y por último, el policía será considerado portador de importantes niveles de conservadurismo, machismo y de prejuicios raciales (Reiner, 2010).

Precisamente, en el mes de Agosto se publicaron las conclusiones de un estudio sobre policing realizado en España a una muestra de opositores al CNP y policías en activo que realizó un Grupo de Investigación de alumnos de la Universidad Europea de Madrid (Pérez, 2016b). Esta investigación concluye que sí existe una cultura policial en España, aunque no se pueda determinar con precisión qué elementos específicos la constituyen, invitando a profundizar desde el prisma académico sobre tales factores. Otro punto en común con Reiner es la existencia de un sentido de misión de protección de la víctima y el mantenimiento del control social (Pérez, 2016b). Este estudio refleja, un dato interesante y es que esta visión se da más en los opositores que en los policías en activo.

Por otra parte, es importante remarcar que los estudios sobre la policía realizados en Estados Unidos y Reino Unido los han llevado a cabo unos pocos académicos como son Westley (1977), Banton (1964), Reiss (1973), Reiner (2010) o Newburn (2011). Esto ha generado que sea un grupo reducido quienes participan en las reuniones sobre la policía, publiquen libros sobre la materia o sean los beneficiarios de muchos de los financiamientos provenientes de las pocas instituciones que promueven los estudios policiales favoreciendo la “circulación de las élites” (Manning, 2004) o lo que es lo mismo, el movimiento de los profesionales entre Inglaterra y los Estados Unidos, en los departamentos de justicia y la academia o las universidades. Manning añade otra crítica hacia los estudios sobre policing. Concretamente a la ausencia de fuentes de financiamiento para este tipo de estudios. Según el autor, se debe como respuesta a la crisis de confianza en la policía generadas por los medios de comunicación (Manning, 2004), a contrario sensu podemos ver que la confianza en la policía ha aumentado en los últimos años en España (ESE, 2011). Por otra parte, aunque los medios de comunicación hayan podido influir en el hecho de apostar o no en los estudios de policing, existe una diferencia evidente el en trato que los cuerpos policiales de los Estados Unidos e Inglaterra ofrecen a los medios de comunicación, la manera mucho más sofisticada en que estos cuerpos policiales manejan sus relaciones con los medios (Mawby, 2002). De hecho, habitual en este tipo de casos encuestas tendenciosas sin ningún soporte empírico en los medios de comunicación, tertulias en los programas matinales de mayor audiencia de las televisiones y las radios que solo aportan datos sesgados, opiniones personales de tertulianos que, en alguno de los casos, se les denomina expertos en la materia (Royo, 2016). Estas mesas de debate, si no hay información oficial, se pueden convertir en un espacio para verter opiniones personales y una demagogia de índole meramente populista que, poco a poco, puede ir calando en el subconsciente colectivo y aceptarlas como una verdad verdadera. Abogamos, por tanto, en la aplicación de la teoría del Framing, basada en el concepto de “frame” de Goffman, que selecciona y enfatiza palabras, expresiones e imágenes, para conferir un punto de vista, enfoque o ángulo de información (Igartua et al., 2008). De esta manera, es como los medios de comunicación marcan los esquemas de interpretación de la información. Y es que la mayor parte de la población obtiene la información sobre el crimen y el sistema penal de los medios de comunicación, en lugar de hacerlo mediante una experiencia directa o incluso vicaria, por lo que la representación (o en su defecto tergiversaciones) son muy importantes a la hora de establecer el marco e incluso la agenda del discurso tanto popular como político (Greer y Reiner, 2012). Como bien dijo Cohen en su trabajo “The press and the foreign policy” (1963) sobre la prensa escrita, pero aplicable a cualquier medio de comunicación clásico, “…quizás en la mayoría de ocasiones no tiene éxito a la hora de indicarle a la gente qué pensar, pero es sorprendentemente eficaz señalándole sobre qué pensar…”.

Esta ausencia de información que, en ciertos momentos puede ser presentada en cuentagotas y con contradicciones evidentes, como ha pasado en los casos anteriormente referenciados, se ha podido considerar como una ocultación de datos a la sociedad e incluso los ciudadanos lo han percibido de esta manera. Pero, ¿Por qué se utiliza esta estrategia de no ofrecer información o limitarla en el tiempo?

Las causas pueden ser varias, desde motivos de la investigación a la protección hacia los agentes implicados o a la institución, pasando por presiones políticas desde dentro del partido imperante en ese momento, etc. Pero lo que sí que es visible en casos controvertidos es el cierre de filas hacia la institución y lo que ésta representa. Ello provoca que los discursos públicos institucionales se conviertan en un juicio identificativo centrado en la estigmatización y el etiquetamiento de delincuente y de la víctima. Hemos de entender, que la institución policial también funciona como un ente unitario con un subconsciente particular y un ideario de valores colectivos, hecho que se ha podido comprobar parcialmente (Pérez, 2016b). Las FCSE tienen cierta predisposición a etiquetar a ciertos colectivos debido tal vez a su formación y a su estado constante de cercanía a la delincuencia, mas ello puede derivar en repercusiones cognitivas que se traducen en un trato desigual y/o discriminatorio (Lemert, 1967).

SPAÑISTÁN POLICING

A raíz de lo comentado en el apartado anterior, es una obligación moral el señalar la escasez de estudios de policing en España. La policía española es una de las instituciones menos estudiada (Torrente, 1997). Un motivo del desconocimiento de ésta puede que se deba a los cuarenta años de dictadura en que acostumbra a responder a un modelo jerarquizado de tipo piramidal y con procesos de formación y socialización inspirados en principios militares (Jar, 1999). Este retraso respecto a otros países como Estados Unidos o Reino Unido, puede haber marcado que los debates policiales en España se centren en el corporativismo y se relacionen con aspectos políticos y jurídicos. De hecho, las preocupaciones que marcan los debates se centran en la estructura, competencias y plantillas definitivas de cuerpos nacionales, autonómicos y locales (Torrente, 1997). Además, los estudios que realiza el Ministerio del Interior sobre la Policía Nacional o la Guardia Civil son de carácter interno y no trascienden a la sociedad. Esto hace que, según el mismo autor, los elementos dedicados a la investigación y documentación sobre temas policiales en España no sean policías, y en caso de serlos éstos serán de índole sindicalista o altos cargos alejados de la realidad contractual y atados a demasiadas censuras corporativas intrínsecas al cuerpo. La ausencia de esta figura en los espacios de debate público como los medios de comunicación, hace que la institución se aleje de la vida de los ciudadanos.

Aun así, en los años ochenta y noventa se hicieron investigaciones en cuerpos policiales locales (Martín, 1990). Uno de los estudios más recientes a la Policía Local de la Comunidad Valenciana, con una duración de dos años, fue realizado por Alfredo Pacheco. Uno de los datos que aportó en relación a las características del trabajo de la policía local fue la exposición al riesgo asociado a situaciones que conllevan a exponerse al riesgo físico y a escenarios violentos sobre todo durante los servicios de seguridad ciudadana (Pacheco, 2015). Precisamente, ello contrasta con los resultados del estudio realizado por Pérez (2016b), en este caso a opositores y miembros del CNP, donde se pudo comprobar la mitificación de la actividad policial sobre todo en los aspirantes, apareciendo incluso la idea del héroe moderno o la del superhéroe de carne y hueso. Otro aspecto destacado en el entorno de la organización, volviendo con el estudio de Pacheco (2015), es el reconocimiento y el apoyo por parte de los superiores es un factor clave para describir las tensiones profesionales. El ser reconocido y la valoración de las opiniones determinan el tipo de trato y la calidad de este entre los mandos y los subordinados. Este reconocimiento también está influido por el reconocimiento que les brindan los ciudadanos y las instituciones y las consecuencias personales y familiares que se derivan del trabajo, pero este no es el único elemento a destacar en el entorno organizativo de las policías locales, también se destaca la presión psicológica que sufren los agentes derivados del acoso y la presión tanto a nivel jerárquico como entre los propios compañeros. En la realización profesional se destacan afirmaciones como trabajo monótono y no gratificante. Precisamente estos valores se encuentran en policías con mayor nivel de formación, como también se puede verificar en cierta manera en el estudio de Pérez (2016b).

Así pues, con respecto a la función policial podemos encontrar relación con la clasificación de Wilson (1968) en que remarcaba tres tipos de orientación de la misión: vigilante, legalista y orientada al servicio.

AMORES IMPOSIBLES

La información sobre delincuencia o sucesos genera una gran atracción a la población. Ésta ha manifestado su curiosidad frente los sucesos criminales (Landrove, 2009) y precisamente los medios de comunicación han sido conscientes de la atracción que ejercen las noticias sobre delitos (Barata, 2003). La prueba de ello han sido los casos presentados anteriormente que marcaron la agenda setting de los medios de comunicación, pero también la pública y la política (Rogers & Dearing, 1998). En estos casos, los periodistas necesitan información oficial para difundir en sus respectivos medios y, es en este punto, en que las instituciones juegan un papel importante en la definición de la noticia, tal como demuestran diferentes estudios (Connell, 1980; Schlesinger & Tumber, 1993) en los que quedan patentes que las noticias reproducen la versión institucional de los hechos. Los medios de comunicación, se convierten de esta manera en altavoz de los políticos. Pero ¿qué pasa cuando los periodistas recurren como fuente de información a los cuerpos policiales? Este binomio formado por policía y medios de comunicación se necesitan en muchas ocasiones, ya sea para ser fuente de información mutua o convertir a los medios de comunicación en un espacio de divulgación preventiva o para requerir la ayuda ciudadana.

Aun así, aunque los cuerpos policiales reconocen que la información es importante como medio de control social informal, la relación entre policía y periodistas puede ser complicada. Precisamente esta relación tensa ya dejó constancia en una resolución de la Conferencia de Ministros del Interior de 1982 sobre los principios generales de comportamiento entre Policía y prensa estableciendo lo siguiente: “En el campo de tensión, entre la actividad periodística y la policial, puede llegarse a situaciones en las que cada una de las partes se puede sentir obstruida por la otra”.

Y es que, en ciertos casos, los medios de comunicación se han encontrado con el hecho de que no se les ha facilitado el trabajo de informar o acceder a entrevistar a altos cargos para esclarecer o aportar algo de luz a los hechos desde fuentes oficiales. Los argumentos esgrimidos han sido siempre off the record con el/la periodista y atribuidos a presiones políticas, nerviosismo de los altos cargos o desconocimiento. Otro factor que puede producir este impedimento a la hora de facilitar la información es que la cultura policial tiende a ser introspectiva como consecuencia de las actitudes defensivas ante los ciudadanos y el sentimiento de no ser apoyados por estos (Reiner, 2010). Esta desconfianza ante las valoraciones recibidas de la otredad causan una alteración en la dramaturgia social (Goffman, 2001) pudiendo ser el motivo que repercute en una dosificación de filtraciones informativas a los medios de comunicación.

Según Reiner (2010), la policía se aísla para mantener su autoridad moral, limitando los contactos con la población y reduciendo el nivel de conflictos en la atención al público y la aplicación legislativa. De esta manera, favorece el corporativismo y el cierre de filas entre los agentes, formando un pilar panóptico de la sociedad (Foucault, 2012). Muestra de ello, y ejemplo muy gráfico, fue el día en que los agentes imputados por la muerte del empresario del caso Raval se presentaron rodeados de compañeros de su misma comisaría con las caras tapadas para impedir o dificultar la difusión de la identidad de los agentes (García, 2015).

LA VERDAD POLIÉDRICA, UN MISMO SUCESO Y TRES VERSIONES DISTINTAS

En este apartado queremos presentar en qué grado es importante el presentar transparencia y una estrategia comunicativa eficaz y eficiente. Volvemos a los citados con anterioridad, en primer lugar con el de Ester Quintana. Nos disponemos a evaluar en esta ocasión a la información que ofrece la propia víctima y las RRSS, el Departamento de Interior y, por último, el Director General de Mossos d’Esquadra en ese momento. No incluiremos en detalle como actores a los diferentes agentes en tanto que no conforman un agente institucional per se, mas sí diremos que sus versiones en juicio fueron variopintas e inconexas.

Así pues tenemos, por una parte, a Ester Quintana quien quince días después de haber sido agredida filma un vídeo donde dice literalmente “Yo no sé con qué me dieron a mí. Lo que sí sé es que fue un Mosso d’ Esquadra y fue con un proyectil. No sé de qué tipo, pero fue un proyectil” (15Mbcn, 2012). Mientras tanto las RRSS eran un hervidero, particulares clamaban al cielo mostrando vídeos donde se veía tanto a Ester herida como a agentes abusando del poder púnico y de fondo sonaban la detonación de proyectiles. Incluso Sicom TV (2012) publicó un vídeo de 14.32 minutos donde podemos ver en varias ocasiones como los agentes portaban dichas armas y hasta como disparan una de ellas.

Mientras tanto el Departamento de Interior dio hasta cuatro versiones diferentes de lo acontecido:

  1. La primera fue presentada por el consejero de interior Felip Puig que negaba relación causal alguna entre la lesión de Ester Quintana y el cuerpo policial. De hecho, garantizaba que en aquella zona no hubo presencia policial.
  2. En esta segunda comparecencia ante el parlamento catalán ratifica la versión anterior, expuesta una veintena de días antes, con el plus de que indica que pudieron haber sido los alborotadores de la zona quien hubiesen cometido tal acto.
  3. En este caso el consejero, diez días después, expone que tras examinar un nuevo informe policial, el mismo dictamina que se dispararon proyectiles en el Paseo de Gracia, enclave donde la victimización se dio. No obstante, niega coincidencia alguna en hora o en lugar exacto al acontecimiento. Además, reconoce el uso de 62 proyectiles y 640 salvas durante ese día.
  4. La última de las versiones, ya destituido el consejero Puig y nombrado en tal cargo Ramón Espadaler, la realiza éste último. En este caso, Espadaler da conocimiento de los resultados de una investigación interna en el cuerpo policial que parece dictaminar que en el Paseo de Gracia donde tuvieron lugar los hechos hizo presencia una furgoneta de la unidad Dragó 414. Actividad que al parecer no fue informada a los superiores del cuerpo.
  5. Por último tenemos al director general de la policía Manel Prat. Sus declaraciones fueron en todo momento taimadas y meramente explicativas sobre los procedimientos que iban a dar lugar dentro del cuerpo. Posteriormente tras la difusión del video de Sicom TV donde se demostraba el uso de proyectiles en el Paseo de Gracia y quedaba al descubierto la falacia emitida por Puig, Prat declaró a TV3 que los agentes implicados ocultaron información a la cúpula política del cuerpo. Posteriormente realiza otra comparecencia declarando que si se demostraba que la herida fue producida por un Mosso abdicaría de su cargo.

Como podemos observar la verdad poliédrica hizo presencia una vez más. Departamento de Interior ocultando información y mintiendo públicamente, el director del cuerpo policial implicado en un segundo plano y difuminando la responsabilidad, los medios de comunicación retransmitiendo como verdades lo que de forma oficial se les transmitía y mientras tanto Ester era victimizada de nuevo, de forma secundaria, por todos estos agentes. Por otra parte, la comunidad con sentimiento de estar siendo engañada no cesaba de mostrar apoyo a Ester y de subir a todas las RRSS pruebas incendiarias de todos los despropósitos cometidos en aquella noche.

Ahora procederemos con el caso Raval que, recordemos, llevó a Juan Andrés Benítez a la muerte tras una “reducción” policial violenta por parte de los Mossos d’Esquadra. Aquí tenemos una pluralidad de actores compuesta por:

  1. Los vecinos de la c/ Aurora (que grabaron el suceso en vídeo y tomaron fotografías y a quienes se les presionó para que las desecharan).
  2. Yazid (primer imputado según el atestado de Mossos d’Esquadra indicando que Benítez mantenía una disputa física con Yazid en la que ellos intervinieron. Tras presentar testimonios a favor de la inocencia de Yazid el mismo es exonerado de toda culpa y poco después irrumpe en los juzgados, pero esta vez para denunciar que fueron los Mossos quienes golpearon a Benítez en la cabeza con sus porras).
  3. FAVB (La Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona emitió un comunicado en el cual mostraba la inquietud latente ante la disparidad de versiones del suceso. De hecho, a raíz de aquí tuvieron lugar varias manifestaciones vecinales).
  4. Agentes implicados (Que ante la jueza niegan haber agredido a la víctima y que solo le dieron unos golpes de atención. Sin embargo, llegan camuflados a la comparecencia judicial como podemos ver en la imagen 6. Por otra parte, se siguen imputando a otros agentes más por haber coaccionado a vecinos para eliminar las imágenes y por haber limpiado restos de sangre).
  5. Director general de Mossos d’Esquadra (Manel Prat, quien asegura que cuando avisaron a los servicios de emergencia la víctima ya poseía diferentes traumatismos en brazos y rostro).
  6. Sistema de Emergencias Médicas (El equipo médico que se desplazó al lugar declaró que no atendió a ningún Mosso y que, por el contrario, Benítez ya estaba inconsciente. Le realizaron maniobras de RCP y lo trasladaron al Hospital Clínic donde falleció finalmente).
  7. Cuerpo Nacional de Policía (La jueza instructora Eva Moltó decidió demandar al CNP como agente externo para realizar una investigación al cuerpo de Mossos d’Esquadra sobre el suceso producido. Tras varias protestas del cuerpo investigado se llegó a la conclusión de que los Mossos podrían haber utilizado defensas extensibles contra la víctima. Para dicha determinación se basaron en dos testimonios, el visionado de vídeos y la recuperación de 16 imágenes que fueron eliminadas de un móvil la noche del incidente por presiones de Mossos).
  8. Departamento de Interior (El consejero Ramón Espadaler aboga por la inocencia de los Mossos, acusa a la investigación del CNP de inválida y poco certera y abre una investigación interna sobre el cuerpo autonómico. No es hasta que la jueza Eva Moltó imputa a los primeros ocho agentes, tras la investigación del CNP, cuando el consejero admite la mala praxis de los agentes).

Bien, aquí podríamos reunir a los agentes en tres nutridos grupos. Por una parte la comunidad, que reuniría los puntos 1, 2 y 3. Por otra, los mismos que estuvieron aunados en el caso Quintana, sitos ahora en los puntos 4, 5 y 8. Por último, encontramos agentes externos como son los citados en los puntos 6 y 7. Y de telón de fondo los medios de comunicación que, esta vez, sí que dieron menos credibilidad a la información oficial de índole institucional y cedieron un poco más de atención a lo que la comunidad a través de RRSS, manifestaciones, etc. Iba postulando.

Ilustración 7. Paradigma comunicativo Benítez.

No obstante, hemos de pensar en que las instituciones policiales y gubernamentales catalanas, en estos dos casos específicos, no supieron adaptar su modelo comunicativo desde el fiasco del caso Quintana hasta el del caso Benítez, siendo que este sucedió un año después. Volvemos a ver las mismas tramas inmersas en la red, ocultación de pruebas, falta de transparencia, poca empatía con las víctimas, encubrimiento del músculo gubernamental sobre el cuerpo policial, dejadez del jefe de policía, etc. El cambio paradigmático aquí fue que una jueza determinó que era necesaria la evaluación de un agente externo a estas influencias, en este caso el CNP. Ello pudo demostrar la eficiencia que un individuo o institución alejada de las escalas jerárquicas visibles o veladas puede suponer una mayor tasa de esclarecimiento y respeto para con la comunidad.

CONCLUSIONES

Llegados a este punto hemos de hacer una profunda reflexión. Hemos hablado al inicio de este artículo de cómo los poderosos orquestan cual titiriteros nuestra realidad contractual, sean éstos varios actores flotando en un sistema amniótico rizomático o sean estructurados mediante una jerarquía rígida. Esta capacidad del poder-control sobre la comunidad, llevada a cabo ya sea desde los medios de comunicación, desde las instituciones o desde las propias RRSS ha supuesto un cambio de paradigma que, junto a la evolución que ha sufrido el humano como ente social, requiere de una respuesta consecuente por parte del estatuto académico que pueda ex post dar soluciones operativas macro nivel y en especial a las FCSE. Ello pasa por una potenciación de los estudios sobre policing, rama como hemos podido observar muy olvidada en el escenario estatal y que ha de ser nutrida por sujetos independientes a la jerarquía policial y a las bondades que ésta pudiera otorgar para enaltecerse en una posición eminentemente objetiva. El modelo comunicativo policial a día de hoy y a nuestro entender adolece en factores que son claramente visibles. Por una parte, la cercanía a la comunidad sigue siendo un elemento olvidado por muchas de las FCSE, no solo en el comportamiento verbal de las autoridades físicas, sino en el comportamiento virtual, siendo excepción el CNP que emprendió una revolución mediante su cuenta de Twitter. No obstante, la misma se quedó en un lugar meramente preventivo, no sabiendo explotar mejor dicha herramienta. Hemos de entender, que la nueva comunidad cyborg adolece de un mejor uso de herramientas virtuales y la toxicidad que estas puedan provocar generará obligatoriamente, siempre tratando de la materia en la cual versa este artículo, un distanciamiento de las FCSE. Por ende, es responsabilidad vital para dicho agente el desarrollar políticas comunicativas eficaces y conciliadoras entre los diferentes miembros de la red comunicacional, entiéndase por éstos a la comunidad, a los medios de comunicación y a las propias FCSE. De esta forma, se generará una mayor confianza por parte de la población hacia las instituciones, una mayor transparencia y una mejor gestión de la información por parte de los medios.

Las dudas que nos surgen al finalizar este artículo son varias. En primera instancia creemos que antes de postular un modelo unificador, todas las FCSE ya fueren las de nivel local, autonómico o nacional deberían comprometerse a realizar una labor conjunta. Pues de nada servirá que, como a día de hoy, unas realicen una paulatina evolución en esta materia mientras que otras se quedan anquilosadas en el secretismo más sectario. Por otra parte, entendemos que si de forma obligatoria aunque silenciosa las FCSE están atadas a ciertas directrices gubernamentales los encargados de retransmitir la información habrán de ser agentes con una potestad autónoma dentro del cuerpo o bien asesores externos especializados que no tengan la obligatoriedad de obedecer a una cadena de mando y estén instruidos en materia de comunicación, criminología, victimología, etc. A fin de evitar impactos no deseados, evaluar la sensibilidad de la información y la morfología de exposición y se tengan en cuenta las afecciones victimológicas que conviven con este tipo de fenomenología.

Si todos estos requisitos son satisfechos aventuramos a predecir, cual oráculo tuitero, que es muy probable que se dejen de ofrecer versiones poliédricas tan distantes unas de las otras sobre un mismo suceso, se ganará en transparencia e independencia policial cara a la comunidad y ésta se sentirá mucho más acogida por unas FCSE responsables y empáticas en quienes confiar para denunciar los diferentes acontecimientos meritorios de ello.

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Modificado por última vez en Martes, 15 Noviembre 2016 18:00
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