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"Creo que estamos en deuda con las generaciones actuales"

Tomás Montero  entrevista a Ricardo Pérez-Luco

 

Ricardo Pérez-Luco Arenas es la cara visible del proyecto “Estrategia ecosistémica especializada de intervención diferenciada para la integración psicosocial de adolescentes infractores de ley” que desde 2008 ha venido gestándose, y que ha tenido en 2011 su gran puesta en escena a nivel internacional, con la organización de dos seminarios en Temuco y Santiago y un workshop en Pucón, consiguiendo juntar en Chile a destacados profesionales de Norteamérica, América Latina y Europa.
Es psicólogo de profesión y está dedicado a la docencia, impartiendo sus enseñanzas desde 1989 en la Universidad de La Frontera (UFRO), una de las cinco Universidades más prestigiosas de Chile.

Pasadas unas semanas de la vorágine que supuso la organización de esos macro eventos, nos hemos sentado con él a recordar y reflexionar sobre el camino que ha seguido el proyecto.

 

Pregunta: ¿Cómo y cuando nació el proyecto de investigación científica y desarrollo tecnológico “Estrategia ecosistémica especializada de intervención diferenciada para la integración psicosocial de adolescentes infractores de ley”?

 

Respuesta. El proyecto es generado por académicos del Departamento de Psicología de la Universidad de La Frontera (UFRO), comenzando a formularse en Julio de 2008, para postularse a concurso el 25 de noviembre al Fondo Nacional de Desarrollo y Fomento Científico Tecnológico (FONDEF) en una línea de proyectos denominada “de interés público” que se inaugura ese año. Su aprobación fue comunicada el 25 de Junio de 2009, dando inicio a un proceso de reformulación que concluyó el 18 de agosto para iniciarse finalmente el 15 de marzo de 2010.

 

El proceso anterior, sin embargo, se enmarca en una historia mayor que contempla la ejecución de otros dos proyectos: (a) uno de colaboración internacional con la Universidad de Québec en Outaouais, liderado por el profesor Jacques Dionne de laUQO y la profesora Beatriz Vizcarra de la UFRO cuya formulación se inicia en 1999 y se ejecuta entre 2001 y 2008 permitiendo la transferencia y adaptación de la Psicoeducación como enfoque de trabajo en el trato directo con los adolescentes; y (b) uno de investigación básica, liderado por la profesora Paula Alarcón de la UFRO y ejecutado entre los años 2008 y 2009, el que permite estudiar las variables que definen los diferentes perfiles delictivos de los adolescentes infractores del sur de Chile derivando un modelo de  evaluación multidimensional.

 

Adicionalmente, las aproximaciones teórica (enfoque ecosistémico), metodológica (investigación-acción) y práctica (modelo de trabajo) derivan de una larga y sostenida trayectoria del equipo investigador que se inicia a mediados de la década del ’80 que contempla diversas iniciativas de evaluación, intervención, investigación y especialmente formación (técnica, profesional, de postítulo y de postgrado) que han permitido conocer directamente en terreno la realidad de los equipos de trabajo y la complejidad institucional en que se desarrollan las medidas judiciales, derivando en fases sucesivas el diagnóstico de las dificultades, obstáculos e incoherencias sistémicas, asumidas en el proyecto como objetivos de trabajo en los distintos niveles de intervención.

 

Finalmente y de suma relevancia para la formulación definitiva del proyecto ha sido el aprendizaje obtenido por miembros del equipo entre los años 2008 y 2010 al participar en tres versiones del “Seminario internacional de delincuencia juvenil”, y “Formación en el Modelo Integrado de Intervención Diferenciada de Marcel Fréchette”, en la ciudad de Ribeirão Preto (Brasil) en el marco de un convenio entre la Universidad de São Paulo y los Centres de Jeunesse de Québec, alianza liderada por las profesoras Ruth Estevão y Marina Rezende de la USP quienes muy desinteresadamente nos brindaron esta oportunidad.

 

P. En qué consiste el proyecto y qué es lo más novedoso o destacado de él?

 

Su objetivo principal es “generar una estrategia ecosistémica, territorial y diferenciada para intervenir con adolescentes infractores de ley en las regiones de La Araucanía y Los Ríos (sur de Chile)”, lo que se desagrega en 4 objetivos específicos: (a) validar herramientas de evaluación diagnóstica diferenciada del potencial de adaptación psicosocial y riesgo de reincidencia delictual en adolescentes, (b) validar un modelo de intervención diferenciada con adolescentes infractores de ley; (c) validar un programa de formación especializada para la intervención diferenciada a nivel técnico y de postítulo; y (d) validar un modelo de trabajo en red y fortalecimiento comunitario.

 

Estos objetivos buscan desarrollar “tecnología psicosocial” para responder a las dificultades diagnosticadas en tres niveles: (a) la intervención directa con los adolescentes, donde se observa debilidad metodológica en los procesos de evaluación y diseño de planes de intervención (b) formación de los operadores del sistema, donde se observa falta de competencias especializadas en actores judiciales y técnicos, responsables de la ejecución de las sanciones y de la intervención rehabilitadora; y (c) la red institucional en que se verifica como constante la incoherencia sistémica que limita los efectos de la intervención tornándola incluso iatrogénica en algunas condiciones.

 

Lo novedoso o innovador del proyecto es su abordaje ecosistémico y territorial que busca maximizar el efecto de las acciones favoreciendo la sinergia entre los diferentes procesos y actores involucrados en la implementación de justicia juvenil en sus diferentes aspectos y dimensiones. Lo excepcional de esto es que se realiza en sociedad con el Servicio Nacional de Menores (SENAME), entidad pública responsable de la implementación de medidas judiciales privativas de libertad en el país, junto a otras dos fundaciones de derecho privado sin fines de lucro, Consejo de Defensa del Niño (CODENI) y Fundación Tierra de Esperanza (FTDE) que gestionan las medidas de medio libre en las regiones involucradas en el Proyecto; las tres instituciones aportan recursos y comprometen la participación de sus profesionales como investigadores de contraparte y estudiantes del programa de formación que vincula las tareas científicas con la práctica en terreno en el marco metodológico de la investigación-acción.

 

P. ¿Cuántas personas trabajan o colaboran en el proyecto?

 

R. Participan como responsables del proyecto 5 investigadores principales, 8 coinvestigadores, 5 investigadores de terreno, 15 investigadores de contraparte, 3 profesionales de gestión-administración y 4 representantes institucionales (socios), en total 40 personas a cargo de la ejecución de las tareas de investigación y desarrollo.

 

Colaboran de modo directo 48 profesionales de diferentes centros y programas de ejecución de medidas en el marco de la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente procedentes de cinco regiones (Araucanía, Los Ríos, Los Lagos, Bío-Bío y Metropolitana) además de 17 investigadores asociados procedentes de 6 países distintos (Canadá, España, Brasil, Argentina, Perú y Chile); en total 65 personas que contribuyen con su experticia y aportan en tareas específicas de formación, investigación básica y aplicada.

 

A las más de 100 personas ya referidas se suman innumerables otros colaboradores indirectos pertenecientes a diferentes instituciones y organizaciones comunitarias que una vez conocido el proyecto han optado por vincularse en terreno o en la toma de decisiones técnicas y políticas a las acciones desarrolladas, y cuyos aportes son el sustento de los modelos de fortalecimiento comunitario y gestión de redes.

 

P. ¿Cuáles son las actuaciones que al amparo de este proyecto se han desarrollado y cuales son las que está previsto desarrollar?

 

R. Las principales actuaciones desarrolladas son cuatro: (a) Formación especializada de 48 profesionales con diferente responsabilidad (liderazgo/intervención) en programas de ejecución de medidas ejecutados por las entidades asociadas al proyecto (SENAME, CODENI y FTDE) en las regiones involucradas en el proyecto; estos profesionales concluyeron ya un primer diplomado de 192 horas en el modelo conceptual y de competencias profesionales propuesto por el proyecto y se encuentran realizando un segundo diplomado sobre evaluación diferenciada de los adolescentes. (b) Desarrollo de un protocolo de evaluación diferenciada que incluye instrumentos ya validados con esta población, otros con validaciones preliminares y otros formulados en el marco del proyecto que se incluyen en una plataforma web para la gestión eficiente del proceso. (c) Análisis de redes sociales institucionales en las regiones de La Araucanía, Los Ríos y Los Lagos y determinación de variables críticas para el fortalecimiento comunitario en sectores potencialmente criminógenos. (d) Seminario internacional y Workshop sobre “Experiencias internacionales en implementación de justicia juvenil: Ser y deber ser de la política pública”

 

Las tareas previstas y programadas en línea con las ya desarrolladas son: (a) completar la formación de los 48 profesionales en el Diplomado de Evaluación Diferenciada y realizar una tercera formación en Intervención Diferenciada a partir de marzo de 2012, todo ello orientado a validar los modelos de formación tanto en sus contenidos como en su formato de entrenamiento y evaluación para dar inicio al proceso de transferencia de dichos modelos a otros equipos técnicos de las entidades socias mientras dure el proyecto (septiembre de 2013) y hacia otras instituciones a partir de esa fecha. (b) Validar los instrumentos, generando un protocolo de evaluación diferenciada con criterios de aplicación en “árbol de decisiones” de acuerdo a los resultados obtenidos por etapa; y derivar perfiles delictivos diferenciados asociados a tipos de supervisión/tratamiento que permitan mejorar efectividad y eficiencia de las intervenciones. (c) Proponer un modelo de de gestión de redes focales para la integración psicosocial de los adolescentes en función de las características de sus trayectorias y contextos vitales, junto a un modelo de trabajo en red para la articulación de las instituciones vinculadas a la intervención. Y (d) Diseñar estrategias de intervención diferenciada pertinentes a las características de los adolescentes y sus contextos vitales.

 

P. Recientemente se ha celebrado un seminario del que se han llevado a cabo dos ediciones, una en Temuco y otra en Santiago y un workshop en la ciudad de Pucón. ¿Cómo ha sido la experiencia y que destacaría de estos eventos?

 

R. Estas actividades derivaron en una riquísima experiencia de intercambio de alto nivel por la experticia de los convocados en el campo de la Justicia Juvenil. A partir de ello se derivan diversos productos en proceso de elaboración y que serán difundidos secuencialmente, primero, una síntesis de criterios y procedimientos técnicos y jurídicos para la administración de justicia juvenil, denominado “Consenso de Pucón” el que será dado a conocer prontamente; luego una sistematización de estudios empíricos diversos producidos por los convocados al evento, lo que será difundido en formato científico durante el próximo año; y finalmente, diversas alianzas entre los participantes y sus instituciones de origen tendientes a compartir y profundizar el conocimiento generado más allá de las fronteras nacionales.

 

P. ¿Cuál es el futuro de los trabajos del proyecto? ¿Quedará como un recuerdo histórico o su legado continuará una vez que el proyecto y su financiación acaben?

 

R. Por cierto no me es posible saberlo, pero puedo pronunciarme sobre nuestro interés y claramente éste es de continuidad.

 

No estamos en esto por casualidad, ni menos por coyuntura, los antecedentes señalados anteriormente dan cuenta de un trabajo prolongado y sistemático, para llegar a este punto hemos debido vencer muchísimas resistencias, especialmente en un país centralista como el nuestro donde rara vez se visualiza lo que ocurre fuera de Santiago como un aporte al conocimiento y menos aún al desarrollo del país.

 

Nuestra aspiración por cierto es generar un conocimiento aplicado que quede impregnado en el modo de hacer las cosas en este ámbito, para que se torne difícil una vuelta atrás. Estamos convencidos como equipo que en este ámbito el conocimiento y la evidencia empírica mejoran sustantivamente los resultados globales o sociales en la administración de justicia, implicando como consecuencia, ahorros para el Estado, mayor seguridad para la ciudadanía y muy especialmente, mayor bienestar y oportunidades de desarrollo para los niños y adolescentes que en la actualidad transita por la vía delictiva como único proyecto de vida posible.

 

Si demostramos lo que hemos propuesto y he explicitado en los párrafos precedentes, entonces confío en que la continuidad se dará y habrá mayor financiamiento para profundizar, difundir y capitalizar los resultados. Esto lo deduzco del interés y expectación que he podido observar en diversos actores sociales relacionados con la problemática cuando toman conocimiento del trabajo que estamos desarrollando.

 

P. ¿Ha pensado en la posibilidad de que el proyecto tenga continuidad?

 

R. No sólo lo he pensado, en la reformulación del Proyecto se incluye la proposición de un proyecto de continuidad que debe focalizarse en los aspectos de gestión de las instituciones y programas que administran justicia juvenil, para mejorar también en este aspecto, desde la infraestructura hasta la evaluación de desempeño y resultados.

 

Adicionalmente los otros investigadores principales también han derivado en nuevas ideas que pueden ser concursadas a este mismo fondo u a otros, especialmente en dos líneas, hacia el trabajo preventivo con menores de 14 años y hacia formas específicas de delincuencia más compleja, diferenciando el impacto específico de algunas variables individuales (delitos sexuales, delitos violentos, comorbilidad con alteraciones mentales o trastornos de personalidad) junto a las diferencias sexuales y culturales o étnicas.

 

P. Cuando un proceso va quemando etapas es el momento también de hacer balance. En su balance personal ¿qué personas, además de las que colaboran en el proyecto, merecen su reconocimiento y agradecimiento?

 

R. Si de agradecer se trata, la lista se torna interminable, pues son muchas las ideas y experiencias que hemos ido conociendo en el camino, que han resultado inspiradoras y que fortalecen para seguir avanzando; este no es un ámbito en que las gratificaciones abunden, al contrario, sobran las frustraciones, pero en todos los espacios a los que hemos accedido hay personas que sobresalen por su claridad, compromiso y calidad técnica o académica; a todos ellos les agradezco, pues permiten mantener la llama encendida.

 

Consideración aparte merecen las personas que se han visto afectadas por la delincuencia juvenil, víctimas y victimarios, quienes más que agradecimiento merecen una respetuosa consideración, los primeros por la deuda social que significa el no ser capaces de reparar oportuna y adecuadamente el daño sufrido y los segundos por experimentar una justicia muchas veces injusta que sanciona en exceso produciendo más daño o de modo insuficiente, perpetuando el actuar delictivo.

 

Pero ya que me lo preguntas, también debo agradecer a quienes han creído en este proyecto y han apostado por su ejecución, comenzando por nuestros colegas del Departamento de Psicología que nos han facilitado el espacio para desarrollarlo, las autoridades universitarias, Director de Departamento, Decano, Vicerrectores y Rector que nos han respaldado permanentemente, los ejecutivos de FONDEF que lo aprobaron y nos retroalimentan continuamente, a nuestras entidades socias por el compromiso continuo y cotidiano adquirido en la tarea, a las autoridades que nos han abierto puertas para ejecutarlo y ciertamente a los 17 investigadores expertos como tú, que se han asociado al proyecto desinteresadamente con la sola recompensa de contribuir a mejorar el conocimiento en este ámbito.

 

P. ¿Es posible hablar de los menores infractores sin conocerles, sin hablar con ellos, sin escucharles?

 

R. Tu pregunta tiene ribetes éticos que debo abordar frontalmente. Desde mi punto de vista no es posible hablar acerca de nadie sin conocerle, más aún, no es correcto hacerlo sin su autorización, esto es una condición básica de respeto a la individualidad de la cual me hago cargo como investigador.

 

Lo que nosotros buscamos es comprender la dinámica de un fenómeno que trasciende individualidades y que traspasa fronteras, pero para ello hay que situarse cara a cara con quienes viven esta realidad y como señalas, hablar con ellos, escucharles, pero previamente contarles el para qué. De eso se trata nuestra investigación, pues los muchachos que participan del estudio se verán directamente beneficiados de los resultados, pues el proceso permitirá mejorar sus planes de intervención ajustándolos a sus necesidades y características personales y de contexto.

 

Si bien los métodos que usaremos para la validación de la plataforma de evaluación son psicométricos, el marco general de investigación-acción en que nos situamos es lo que nos permite valorar a cada uno de los participantes en su particularidad. Las conclusiones generales se derivan de las comunalidades (similitudes y diferencias) y corresponden por tanto a abstracciones generales desde los datos particulares, pero el trabajo que realizamos está orientado a mejorar la práctica en cada caso en particular, participe o no del estudio.

 

En rigor, la propuesta final es proveer a quienes intervienen con los adolescentes de los conocimientos, herramientas y habilidades para escuchar a los adolescentes, comprendiendo sus realidades, atendiendo a sus necesidades y actuando en consecuencia para ayudarles a mejorar sus opciones de desarrollo, reduciendo su delincuencia.

 

P. ¿Qué es lo que más le ha sorprendido o le ha llegado al alma de ellos, de sus historias y de los adultos que trabajan con ellos?

 

R. Las historias que he conocido son muchas, la mayoría plagadas de dolor y de experiencias tempranas poco enriquecedoras, a lo que se suman las experiencias institucionales en los sistemas de justicia juvenil, las que en Chile a veces dañan más de lo que contribuyen a mejorar, pese a ello hay mucho jóvenes que son capaces de sobreponerse, de reinventarse y hay muchos profesionales y técnicos de un compromiso tal que emociona y que con ello han sido capaces de transformar vidas.

 

Sin duda la resiliencia de los jóvenes y la vocación de los educadores, sorprende y conmueve, lo viví en carne propia 25 años atrás cuando comencé en esta tarea y los sigo viendo, pero esto no es suficiente, se requiere más conocimiento, formación especializada, coherencia sistémica y voluntad política para dejar de utilizar la delincuencia como un medio para ganar elecciones y actuar en forma temprana para prevenirla, lo que se ha demostrado que es posible.

 

P. Todos hablamos del superior interés del menor y en base a él tomamos las decisiones que le afectan.  ¿Te atreverías a dar una definición de este concepto tan indeterminado?

 

R. Complejo es intentar definirlo, pues es una abstracción orientada por el principio de bienestar. Lo que yo interpreto es la necesidad de ponderar en cada situación particular las diferentes opciones para elegir aquella que desde la perspectiva vital del niño (asumiendo que se ha comprendido ésta) le ofrece más satisfacción a sus necesidades, mayores oportunidades de desarrollo, mejor calidad de vida y en definitiva, más bienestar.

 

Este es un análisis prospectivo con base en antecedentes actuales e históricos, por ende hipotético, el problema surge cuando no se hace en base a un método sistemático para derivar las conclusiones y cuando no se establecen sistemas de evaluación posterior de aciertos y errores. Mi experiencia es que la generalidad de las beses se establece el interés superior en base a principios generales morales o legales (imperativos categóricos de acuerdo a Kant) y sin un análisis riguroso de la evidencia empírica. Para el caso de los adolescentes infractores de ley, estoy convencido que es posible desarrollar estos métodos y evaluar sus resultados con lo cual el principio se hace operacional y por ende, determinado.

 

P. La recuperación social de los menores infractores, eso que las leyes denominan como su reinserción social, ¿es una misión posible o no es más que una pretensión filantrópica?

 

R. La experiencia comparada entre países demuestra que es perfectamente posible para una gran mayoría de los adolescentes. Siempre habrá “casos desviados”, pero si se hace bien el trabajo estos serán adecuadamente detectados y tratados disminuyendo su impacto en el resto. No me parece filantrópico, más bien lo asumo como un deber ético en nuestras “sociedades modernas”, significa hacerse cargo de las consecuencias negativas de los modelos de desarrollo que hemos sostenido y apostar por sociedades más justas y humanas, donde el centro sean las personas y su desarrollo, no los bienes o el dinero.

 

P. ¿Hay alguna cosa que no te hubiera gustado haber visto en relación al sistema de justicia juvenil de Chile?

 

R. Muchas, pero la principal, el tiempo que hemos perdido, pues se traduce en vidas dañadas.

 

P. El futuro de un país son los jóvenes, y junto a aquellos en los que volcamos nuestro esfuerzo en aras de facilitar su reinserción, hay otros muchos jóvenes, con más suerte tal vez, que llenan las aulas de las universidades. ¿Qué nivel de compromiso social ves en estas nuevas generaciones de universitarios que han crecido en una sociedad que identifica el éxito personal con el económico y parece repudiar la cultura del trabajo en beneficio del lucro fácil, importando más el qué que el cómo?

 

R. Esta pregunta es de verdad muy interesante para mí, pues mi principal labor como académico durante 25 años de vida profesional ha sido la formación de numerosas generaciones de jóvenes, psicólogos la mayoría, pero también de otras disciplinas en pre y postgrado.

 

Los cambios que se han suscitado en este tiempo son asombrosos, sólo hay que recordar que a mediados de los ’80 las aulas universitarias usaban como principal recurso tecnológico  la tiza y el pizarrón y los computadores eran unas enormes máquinas instaladas en habitaciones especiales para su funcionamiento. Así como ha cambiado la tecnología también han cambiado los jóvenes, quienes entran hoy a la Universidad nacieron entre pantallas a colores, controles remotos y comunicaciones (transmisión de datos) en tiempo real; sin embargo y pese a las múltiples transformaciones de los currículum académicos, creo que aún estamos retrasados en adaptar la formación a las necesidades de los adolescentes que llegan a las aulas.

 

Ciertamente las generaciones actuales participan menos de los proyectos sociales y se orientan más a la gratificación ojalá inmediata, fácil y permanente. Algunos estudios sobre valores juveniles muestran como han bajado las creencias religiosas y los ideales democráticos en desmedro del  hedonismo y el individualismo; pero creo que esto es parte del mismo problema que ha generado incrementos en la delincuencia juvenil.

 

Nuestro modelo de desarrollo se basa en el lucro a toda costa y los jóvenes son consumidores perfectos por características evolutivas; hemos creado una sociedad de modas rápidas y gratificaciones múltiples e inmediatas, lo que más muestran nuestras pantallas es el éxito temprano en la vida, pero pasajero, en donde la educación superior ha pasado también a ser un medio y no un fin, medio que además es asequible con dinero incluso más que con esfuerzo.

 

En este contexto me parece difícil pedirles a los jóvenes un compromiso social distinto. Creo que estamos en deuda con las generaciones actuales a quienes les hemos inventado un mundo artificial sin abrirles verdaderamente las puertas del desarrollo, pero confío en que serán estos mismos jóvenes, los universitarios, quienes prontamente nos mostrarán un camino distinto, pues tal como lo señalas, ellos son el futuro, allí está la fuerza y la inteligencia de una sociedad, allí está la verdadera capacidad de cambio, sólo necesitan algo en qué creer que les aglutine y motivos le estamos dando se sobra.

 

Muchas gracias por su tiempo.

 

Modificado por última vez en Lunes, 17 Septiembre 2012 08:57
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